viernes, 15 de enero de 2010

¿Un quiste de ovario puede ser un cáncer?

Con frecuencia en el diálogo con la paciente se le suele llamar ‘quiste’ a cualquier imagen anómala, quística o sólida, del ovario. Por definición los ‘quistes’ son bolsas llenas de líquido y el cáncer de ovario suele ser una masa sólida. Por ello los quistes orgánicos, aquellos que no son funcionales y no desaparecen solos al cabo de unos meses, suelen ser benignos, pero también pueden esconder, aunque menos frecuentemente, un crecimiento tumoral de alguna parte de su pared. Por el contrario, un tumor sólido puede contener quistes. Por lo tanto, la única manera de saber que una imagen anómala en el ovario que no desaparece en unos meses no es maligna es extirparla y estudiar sus células bajo un microscopio. En otros órganos más superficiales o accesibles se suele tomar una muestra o biopsia para analizar, pero en el caso del ovario, dado que el único acceso es entrar en el abdomen –ya sea por laparoscopia o laparotomía- no se suele hacer una biopsia sino que se extirpa el quiste en su totalidad y se envía a analizar. 
No obstante, antes de la cirugía hay muchos datos que nos pueden orientar sobre la benignidad del quiste: el aspecto ecográfico, el análisis en sangre de los llamados ‘marcadores tumorales’, la edad,… Esto permite planear la estrategia quirúrgica más adecuada, pero insistimos en que la única forma realmente fiable de confirmar su benignidad es quitarlo y analizarlo. Por ello, incluso en los quistes altamente sugestivos de benignidad, tras confirmar que no es un quiste funcional que desaparezca solo, lo habitual es realizar una exéresis quirúrgica, precisamente para poder analizarlo y confirmar que no se trata de un cáncer de ovario.

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